Joaquín Sabina, presentación de "Alivio de luto".
En el teatro Gran Rex hay clima de cancha adornado de cánticos futboleros.
"Olé, olé, olé, Joaquín, Joaquín", repite el bullicioso coro que baja desde la popular y se desparrama por la platea. Es parecido al fervor que sólo podía despertar una buena faena del legendario Manolete en una tarde de toros en la Plaza de las Ventas en Madrid. La diferencia es que el torero murió en la arena y Sabina aparece vivito y coleando sobre el escenario del brazo de su corista Olga Román (vestida de chica de la calle), con su mejor cara de atorrante, un sombrero bombín y un bastón de mando que le da un aire de sobreviviente de un poema de Raúl González Tuñón, mezcla de ladrón de mujeres de otros, poeta que cambia versos por besos, peatón nocturno sin rumbo y pecador compulsivo en cabarets. La escenografía recrea el clima bucólico de un puerto, con una enorme pintura de un barco surcando un mar turquesa, con la estética de un Benito Quinquela Martín. Sabina atraviesa la escena con una valija llena de calcomanías, y otra ovación lo baña por completo como una tormenta. El delirio del público -aullidos, silbidos, cosas que le grita la gente- le tapan la voz en los primeros versos de "Amo el amor de los marineros", canción con la que abrió el primero de los ocho conciertos programados en Buenos Aires. El lugar está lleno de mujeres casadas sin sus maridos, divorciadas, chicas progres y hippies clase media, modernas con celular, muchachotes que se identifican con su filosofía pirata y jóvenes idealistas que se emparentan con su bohemia existencial. Todos cantándole las canciones, nuevas y clásicas, durante las dos horas que durará el concierto. Joaquín Sabina se muestra entero de voz y aspecto, sonriente y feliz por la bienvenida, como si fuera el regreso de un hijo pródigo a su verdadera tierra. Cierta electricidad recorre el aire y ese intenso clima que lo envuelve todo, sorprende a los propios músicos; Pancho Varona, productor de los discos de Sabina, guitarrista y bajista del cuarteto, mira a la gente emocionado sin creer demasiado lo que está pasando. Lo primero que dice Sabina es: "Antes nos gustaban las colas de las argentinas, ahora nos han emocionado las largas colas que hicieron los argentinos para vernos. Gracias. Quiero dedicar este concierto a todos aquellos que no pudieron entrar. Algo vamos a hacer", dice para esperanza de quienes se quedaron afuera. Declama un soneto -como esos que escribe especialmente para la revista española Interviú- y dispara con la canción "Ahora que ...", del álbum "19 días y 500 noches" que será uno de los que más sonará durante el recital. Entonces se envalentona con el tema, le pega con fuerza al piso varias veces con su bastón y subraya con su voz la frase: "Ahora que estoy más vivo de lo que estoy" y un coro multitudinario lo acompaña.

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